Salta endurece los controles para conducir después de los 65

La normativa nacional no fija una edad para dejar de manejar, pero sí exige controles psicofísicos más frecuentes a partir de los 65 años y una constancia anual desde los 70. En Salta, mientras avanza la adhesión de los municipios al sistema nacional de licencias, sigue faltando un dato clave: cuántos siniestros involucran a conductores mayores.
La discusión sobre la conducción en edades avanzadas suele aparecer después de un choque grave, pero la regla vigente no parte de una idea simple como “a tal edad ya no se puede manejar”. El criterio formal es otro: lo que se evalúa es la aptitud psicofísica de cada persona para seguir conduciendo.
Eso incluye condiciones como visión, audición, capacidad de reacción y estado general de salud. En otras palabras, la edad influye en la frecuencia de los controles, pero no actúa por sí sola como una prohibición automática.
Qué cambia después de los 65
El esquema nacional hoy establece un control más seguido para quienes siguen al volante después de esa edad. En las licencias particulares de clases A, B y G, las personas mayores de 65 años deben constatar su aptitud psicofísica cada tres años. Para las categorías profesionales C, D y E, el plazo baja a dos años y puede sumarse la exigencia de nuevos exámenes.
A partir de los 70 años, la exigencia sube un escalón más: la vigencia de la licencia se mantiene con una constancia anual de aptitud psicofísica.
El punto importante es que la norma no parte de una condena general sobre los conductores mayores. Lo que hace es aumentar la frecuencia de revisión porque con el paso del tiempo pueden cambiar condiciones que son centrales para la conducción segura.
En la práctica, eso obliga a mirar mejor cada caso y no a meter a todos en la misma bolsa. Una persona de 72 años con buena visión, buen estado físico y controles al día no queda en la misma situación que otra que perdió condiciones básicas para manejar.
Qué pasa en Salta
En la provincia, el sistema se está reordenando alrededor de la Licencia Nacional de Conducir. Según informó el Gobierno salteño en septiembre, solo restan tres municipios para que toda la provincia quede incorporada al sistema nacional.
Eso importa también en el norte, porque la idea es que los criterios de emisión y renovación sean cada vez más homogéneos entre municipios, con menos diferencias entre una ciudad y otra.
En Orán, por ejemplo, el municipio ya informa en su sitio oficial que la licencia nacional se emite en formato digital, con la posibilidad de contar también con versión física, y mantiene los turnos y exámenes presenciales para los trámites.
En la ciudad de Salta, además, la Municipalidad amplió recientemente la vigencia administrativa de las licencias particulares: hasta 8 años para personas de hasta 65 años, 5 años entre 65 y 70, y 3 años para mayores de 70. Esa decisión reduce la frecuencia del trámite local, pero no borra la exigencia de acreditar aptitud psicofísica en los términos que fija la normativa nacional.
Lo que muestran los datos viales
El problema es que una cosa es la regla para renovar licencias y otra muy distinta es saber qué peso real tienen los conductores mayores dentro de la siniestralidad vial de Salta.
Ahí aparece el vacío. Los informes públicos permiten ver el cuadro general de la seguridad vial, pero no ofrecen de manera simple un corte local que responda cuántos conductores mayores protagonizan o causan siniestros en la provincia.
Sí se sabe, en cambio, que el problema vial salteño y del NOA tiene un perfil más amplio y distinto al que suele instalarse en una discusión aislada sobre la edad. En el informe preliminar oficial de 2024, Salta registró 131 víctimas fatales en siniestros viales. Y en la región NOA, el tipo de usuario más golpeado sigue siendo el motociclista: 58% de las víctimas fatales fueron usuarios de moto, según las estadísticas oficiales más recientes disponibles para la región.
Eso no invalida el debate sobre la conducción en edades avanzadas, pero sí ayuda a ponerlo en escala. La seguridad vial no se explica por una sola edad ni por un solo perfil de conductor. Es un problema más amplio, con factores de salud, infraestructura, controles, hábitos de manejo y tipo de vehículo.
Por eso, la discusión útil no pasa por instalar que una persona deja de ser apta solo por cumplir años, sino por saber si los controles existen, si se aplican bien y si el sistema produce datos públicos que permitan medir el riesgo real.
Hoy, lo concreto para cualquier conductor salteño es esto: después de los 65 años, la licencia exige controles más frecuentes, y después de los 70, la aptitud psicofísica debe acreditarse cada año. Lo que todavía falta es información pública más precisa para saber cuánto pesa ese grupo dentro de la siniestralidad vial de Salta.