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Especial / Profundo 18 de agosto de 2026

En Aguaray el petróleo brotaba solo del cerro antes de que hubiera pueblo

En Aguaray el petróleo brotaba solo del cerro antes de que hubiera pueblo

Especial / Profundo

El agua bajaba por la Quebrada Iquirá con restos de crudo. Ese dato guió las primeras perforaciones, en 1909 y 1911, y de ahí salieron el campamento de YPF, Campo Durán y el pueblo que este domingo cumplió 115 años.

Antes de que existiera Aguaray, el petróleo ya avisaba dónde estaba. Bajaba de los cerros por la Quebrada Iquirá —la misma que hoy separa la parte más antigua del pueblo del barrio Destilería— mezclado con el agua, empujado a la superficie por la presión del subsuelo. No hizo falta buscarlo: estaba a la vista.

Esa señal guió las primeras perforaciones. Alrededor de 1909 se abrió el primer pozo en la quebrada. En 1911 se perforó en el cerro Capiazuty, y esa fecha quedó, muchos años después, como una de las razones para fijar el año fundacional de la localidad.

Lo que vino después ordenó el mapa del departamento San Martín tal como se conoce hoy.

El pozo que llegó a 3.500 metros

Con YPF ya conformada como empresa estatal, la perforación del pozo CD X-6 marcó el punto de quiebre. Fue la más profunda de su tiempo: 3.500 metros. Lo que encontró abajo justificó abrir toda el área de Campo Durán, casi sobre el límite con Bolivia, y a partir de ahí el Estado decidió construir arriba lo que hacía falta para sacar el crudo.

La cronología es corta y explica el norte entero:

  • 1909 — primera perforación en la Quebrada Iquirá
  • 1911 — perforación en el cerro Capiazuty
  • CD X-6 — 3.500 metros de profundidad, el pozo que abrió Campo Durán
  • Destilería de Campo Durán — planta de procesamiento en la zona de frontera
  • Poliducto — transporte de combustible hasta el centro del país
  • Gasoducto — más de 1.300 kilómetros en paralelo, energía para el país durante más de siete décadas

El pueblo no nació de una plaza ni de una parroquia: nació de un campamento. YPF instaló donde hoy está Aguaray un centenar de casas rodantes y casillas desmontables para alojar a los técnicos. Sumó un pabellón de comedor, una sala de enfermería y hasta un espacio para que los operarios hicieran deporte. Alrededor de ese campamento ya vivía gente: unas pocas familias criollas hacia el oeste y, hacia el este, las comunidades chané.

Esa convivencia armó la identidad del lugar. Los hijos y nietos de los inmigrantes y criollos que llegaron con el petróleo crecieron al lado de las comunidades chané y guaraníes, y cada grupo tomó algo del otro. Aguaray fue sumando escuelas, hospital, edificio municipal, calles pavimentadas y servicios.

El cumpleaños que eligió el pueblo

Pero durante casi todo el siglo XX Aguaray no tuvo fecha para festejarse. Había pueblo, había historia y había memoria, y no había un día en el calendario.

Eso se resolvió recién el 5 de mayo de 1997. Una comisión formada por docentes hizo un trabajo de investigación: recogieron testimonios de los pobladores más antiguos, buscaron documentación en bibliotecas del sur de Bolivia, juntaron mapas y material histórico, y después consultaron al pueblo. De ahí salió la definición del 16 de agosto de 1911 como fecha fundacional.

Es un detalle que cambia el sentido de la efeméride. Aguaray no heredó su cumpleaños de un acta colonial ni de un decreto provincial: se lo puso a sí misma, casi noventa años después, con una investigación y una consulta. La fecha es tan del pueblo como la historia que conmemora.

De ese trabajo salió también un libro, Aguada del Zorro, con capítulos dedicados a las comunidades originarias, su cultura y su cosmovisión, ilustrados con fotografías de época. Años después se publicó una edición ampliada, y hoy es material de consulta de estudiantes y docentes de toda la zona norte.

La posta la tomó después Carlos Vera, hijo de pioneros que llegaron a comienzos del siglo XX y se dedicaron a la cría y venta de animales en la Finca Ñacatimbaí, al pie de las serranías del oeste. Vera recopila lo que le confían otros vecinos —fotos, documentos, relatos— y sostiene desde las redes sociales un archivo visual del pueblo que ninguna institución armó.

Que la memoria histórica de una localidad de 115 años dependa de que un vecino junte fotos en su celular dice algo sobre cómo se conserva el patrimonio en el interior. También dice que, mientras haya alguien haciéndolo, no se pierde.

Queda una pregunta que la historia de Aguaray plantea sola y que no se responde con efemérides. El pueblo se levantó sobre un recurso, y los recursos se agotan o se vuelven menos rentables. Qué pasa con una comunidad cuando la actividad que le dio origen deja de ser el centro, y cuánto de la infraestructura y del empleo que quedaron de aquella etapa sigue funcionando hoy, es un tema que merece números propios.

Jere CarrazanChief Editor
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