El certificado de defunción de San Martín no dice de qué murió

Especial / Profundo
Se cumplen 176 años de la muerte del Libertador, ocurrida el 17 de agosto de 1850 en Francia. No quedaron constancias médicas de los profesionales que lo atendieron, y todo lo que hoy se sabe sobre sus enfermedades salió de las cartas que escribió durante cuarenta años.
José de San Martín murió a las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850, en su casa de la Grande Rue 105, en Boulogne-sur-Mer. El acta consigna que tenía 72 años, cinco meses y 23 días. No consigna la causa.
Tampoco quedaron historias clínicas. Los médicos que lo atendieron a lo largo de su vida no dejaron registros conservados, y la medicina de la época no contaba con radiografías ni estudios bacteriológicos. Todo lo que sabemos sobre su salud proviene de una sola fuente: la correspondencia. Cartas suyas y de quienes lo rodearon, donde se describen síntomas.
Sobre ese material trabajó Mario Dreyer, médico del Hospital de Clínicas y profesor de la UBA, que reconstruyó la historia clínica del Libertador y publicó el resultado en 1982, en un libro editado por la Academia Nacional de Ciencias.
Tres enfermedades y cuarenta años de cartas
Dreyer identificó tres dolencias crónicas: asma, gota y úlcera.
Las primeras manifestaciones de la úlcera están registradas en 1814. En la terminología de entonces se las llamaba «ataques de sangre». En enero de 1816, San Martín le escribió a Tomás Godoy Cruz que un ataque de esos lo había tenido diecinueve días postrado.
En julio de 1817, el cirujano del Ejército de los Andes, Juan Isidro Zapata, le mandó una carta alarmada a Tomás Guido, amigo íntimo del general. Le decía que preveía pronto el final de su vida si no se distraía de las preocupaciones diarias, y le pedía que usara toda su amistad para que San Martín se acordara alguna vez de sí mismo. Zapata ya entendía el peso del factor emocional: las tres enfermedades se agravan con el estrés.
La gota apareció a los 39 años y le tomaba muñecas, manos y pies. Guido escribió en sus memorias que los ataques le entorpecían la articulación de la muñeca derecha y lo dejaban sin poder escribir. También contó algo menos conocido: el propio Zapata lo indujo a un uso desmedido del opio, hasta que San Martín llegó a considerarlo indispensable. Guido admite que muchas veces le escondía los frascos.
Del asma quedaron menos rastros. Desde Mendoza, mientras preparaba el Ejército de los Andes, escribió que hacía tres meses que para poder dormir tenía que estar sentado en una silla.
El hombre que encontró Alberdi
En septiembre de 1843, Juan Bautista Alberdi lo visitó en París. Iba con una imagen armada y se encontró con otra.
Esperaba a un anciano acabado por la enfermedad. Escribió que lo halló más joven y más ágil que todos los generales de la guerra de independencia que había conocido. Esperaba solemnidad y encontró a alguien que hablaba sin afectación, con la llanura de un hombre común, con voz gruesa y ademanes vivos.
Alberdi también dejó constancia de un rumor que circulaba en Buenos Aires sobre el origen indígena y extramatrimonial del general, y de cómo se dio cuenta de que era falso apenas lo vio.
De esa visita quedó otra escena: en un ángulo del escritorio, colgada en la pared, estaba la espada. Alberdi contó que tuvo el placer de tocarla.
Lo que más lo impresionó fue la modestia. Anotó que San Martín se refería a sí mismo como si no hubiera hecho nada notable, y que no hay registro de que haya facilitado datos o notas para redacciones que podrían haberle sido honrosas, siendo probablemente el hombre público más solicitado para eso.
Por qué el norte lleva su nombre
San Martín nunca combatió en Salta. Y sin embargo el departamento donde está Tartagal se llama General José de San Martín.
La razón es la otra mitad del plan. Mientras él preparaba el cruce de los Andes en Mendoza, la defensa de la frontera norte quedó a cargo de Martín Miguel de Güemes y de las milicias gauchas, que contuvieron los avances realistas por el Alto Perú. Esa división de tareas fue lo que le permitió a San Martín abandonar la idea de avanzar por el norte y jugarse al paso por Chile.
El departamento se creó mucho después, el 29 de julio de 1948, por Ley Provincial 947, al desmembrarse el antiguo departamento de Orán. Un año más tarde, en septiembre de 1949 y por Ley 1083, Tartagal fue declarada ciudad y capital del nuevo departamento.
Cómo fue el último día
El 6 de agosto de 1850 hizo su último paseo en carruaje. El 17 se levantó tranquilo, pasó a la habitación de su hija Mercedes, pidió que le leyeran los diarios y comió algo. Hizo poner rapé en su caja para convidarle al médico que iba a llegar más tarde.
Después de las dos de la tarde empezaron los dolores de estómago. El médico no se alarmó: dijo que ese ataque iba a pasar como los anteriores. Y en efecto los dolores calmaron. Su yerno, Mariano Balcarce, contó que el general dijo que se sentía más aliviado y pidió que lo llevaran a su cuarto. Apoyó la cabeza en el almohadón y murió, según escribió, como si hubiera caído en el sueño más apacible.
A partir de esos relatos, Dreyer descartó una falla pulmonar —nadie describe asfixia— y concluyó que se trató de un shock hemorrágico causado por la úlcera. El detalle que lo llevó ahí fue el frío que San Martín dijo sentir en los últimos minutos, compatible con una pérdida brusca de sangre.
Es una reconstrucción, no un diagnóstico. Ciento treinta y dos años después de la muerte, y sin un solo documento médico.